jueves, 31 de enero de 2008

La competencia filosófica

El libro de Filosofía avanza poco a poco. Cada vez veo con más claridad la necesidad de admitir en el repertorio de las competencias una “competencia filosófica”, que sería la única que se movería en un nivel crítico y reflexivo sobre el resto de las competencias. La filosofía piensa la totalidad de las competencias. Como hemos explicado en el libro “La competencia social y ciudadana”, las competencias universales sólo pueden determinarse si tenemos una idea clara del tipo de sociedad y del tipo de ciudadano al que aspiramos. Esto no lo puede decidir la psicología, ni la sociología. Es una tarea de segundo nivel: filosófica.

Me interesa mucho retomar algunas ideas que vengo repitiendo en todos mis libros. La diferencia entre “verdad biográfica” y “verdad universal”. La actividad filosófica piensa la totalidad de lo real. Es una formulación conceptual, un modo de interpretar el mundo que se distingue de la poética porque aspira a la verdad. En muchas ocasiones, sin embargo, se limita a intentar describir lo que ve. Ofrece una concepción del mundo, una intuición básica, sin intentar justificarla ni demostrarla. Son gigantescas aventuras personales. La historia de los filósofos muestra las distintas maneras como se ha llevado a cabo la búsqueda de la verdad. Lo que ha visto es su “verdad biográfica”, el modo como ha ido pensando y sintiendo la realidad. Pero hay otro nivel. ¿Ese punto de vista, esa elaboración conceptual, esa verdad biográfica puede universalizarse? Nadie pretende universalizar la poesía. Lo que nos gusta en ella es, precisamente, su variedad. El inimitable modo de ver y cantar la realidad. La filosofía biográfica puede ser una maravillosa poesía metafísica. Creo que gran parte de la obra de Nietzsche o de Heidegger o de Sartre lo es. Nos permiten ver la realidad de manera diferente, nos proporcionan modos nuevos de pensarla, conceptos innovadores, perspectivas sugerentes. Pero si queremos convertir la filosofía -además de ser una forma de vida- en un conjunto de conocimientos, debemos someter a evaluación crítica esas verdades biográficas. Hay muchos filósofos que opinan que no se puede dar ese salto, que no hay ninguna verdad universal en la filosofía, o que la verdad filosófica está en la totalidad de lo pensado. Lo único que podríamos hacer es la historia de la experiencia filosófica, como podemos hacer la historia de la experiencia poética, pictórica o religiosa.

Sin duda eso es muy interesante, pero resulta precipitado decir que no se puede llegar más allá. No es verdad que no haya habido progreso filosófico. El genio de Platón es incomparable, pero la teoría platónica de las ideas no tiene justificación. Aristóteles es el gran genio filosófico, pero su Física resulta difícil de aceptar a estas alturas. Kant tuvo razón al hablar de las formas a priori del conocimiento, aunque pudo equivocarse en la definición de las categorías. La teoría de la ciencia de Popper es un avance sobre la teoría de la ciencia de los escolásticos.

Otra cosa es que para comprender las soluciones debamos entender la genealogía de los problemas. En eso sucede lo mismo que en el arte. No podemos comprender el cubismo si no sabemos por qué se llegó a esa solución estética tan extraña. Encontramos así tres niveles necesarios para la competencia filosófica:
  • La filosofía como forma de vida.
  • La historia de los problemas filosóficos para comprender las soluciones.
  • La evaluación crítica de las soluciones.

2 comentarios:

Zoila Vivas dijo...

Muchas gracias por compartir sus reflexiones, me aportan mucho en medio de las incertidumbres de como acercar los temas filosóficos a la vida de mis estudiantes.

María Isabel dijo...

Estoy realmente motivada, sus aportes teóricos me amplían el panorama de como llegar con la filosofía a mis estudiantes de esta nueva era.